Crisis en E-dixgal, el plan millonario de la Xunta que impone pantallas en la escuela y tiene a los padres en pie de guerra

E-dixgal, el libro electrónico que, desde hace algo más de una década, se ha convertido en una apuesta estratégica —y millonaria— de la Xunta de Galicia, está en crisis. En todo ese tiempo, la Consellería de Educación no había realizado ninguna evaluación de un programa cada vez más cuestionado. La que impulsó en octubre la Confederación de ANPAS GALEGAS fue un mazazo: siete de cada diez familias pedían su supresión y sólo una de cada cuatro consideraba que, al menos, sí servía para mejorar las competencias digitales. Los resultados confirmaron la tendencia detectada a principio de curso, el primero desde su implantación en el que el número de centros con E-dixgal disminuía. Y mientras comunidades como Madrid, del mismo signo político, optan por eliminar estos dispositivos, el Gobierno gallego mantiene su apuesta por el modelo “híbrido” entre libros y pantallas. Eso sí, convenientemente “reformulado”. Tal y como le ha pedido, por unanimidad, el Parlamento de Galicia.
613 centros gallegos y unos 64.000 alumnos utilizan E-dixgal durante este curso 2024-2025 en los niveles de 5º y 6º de Primaria y 1º y 2º de la ESO. Son 17 colegios e institutos menos que en el ejercicio anterior, ya que a las seis altas hubo que descontarle las bajas de 23 centros que decidieron descolgarse del programa y regresar al libro en papel, abandonando el “espacio virtual de aprendizaje” impulsado por la Xunta.
“E-dixgal es un libro en pdf. Punto pelota. Le llaman E-dixgal porque queda bonito”, asegura Suso Bermello, el secretario nacional de CIG-Ensino, sindicato mayoritario en la Educación gallega. “E-dixgal no sirve (como modelo), hay que superarlo”, manifiesta Esther Martínez, profesora del área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación en la Universidade de Santiago y responsable de la encuesta realizada por la Confederación de ANPAS GALEGAS.
“Eso es lo que nos dice el estudio: que no hay que cerrar las escuelas a los recursos educativos digitales, pero E-dixgal es un modelo limitado, que reproduce el libro con más ventajas pero no da respuesta a lo que se demanda: un alumnado formado digitalmente en las cuestiones más críticas”. Martínez no coincide con quienes directamente proponen limitar el acceso a las pantallas: “es como ponerle puertas al mar, que se cuela por todas partes; mejor que eso es aprender a nadar”.
La experta propone una formación “integral”. “No es sólo aprender a mandar un correo electrónico o editar un pdf: hay que conocer de dónde viene la información, el poder de los algoritmos, quién está detrás de estas grandes empresas y cómo manejan y condicionan la opinión pública”. Ese “uso responsable” sí ofrece “una visión de la competencia digital más acorde con los tiempos”, lo que llama “alfabetización digital crítica”.
Y aunque E-dixgal “fue mejorando”, con más recursos, enlaces o material para el profesorado, “no va en la línea del aprendizaje que se demanda”. Para ella, la solución no consiste en ponerle más accesorios a un coche que no anda, sino en “pararlo e ir andando mientras construimos otro”.
Para eso, “la Consellería debería tener otra visión y compartir una mayor apertura al profesorado y las familias”. El marco podría ser la futura Lei de Educación Dixital, que debería traer “un cambio organizativo en los centros” que, en ocasiones “no están por la labor” para fomentar “el trabajo en equipo, enseñar materias de forma interdisciplinar o estar más abiertos al entorno”.
Según la investigadora, E-dixgal ni siquiera aprovecha sus potencialidades para atender a la diversidad. “Es un modelo uniformizador, todo el alumnado utiliza el mismo libro digital, cuando debería favorecer la individualización, los ritmos distintos, adaptarlos a cada alumno...”. Es consciente de que eso requiere “reducir las ratios, un menor horario lectivo para que los docentes puedan dedicar tiempo a la formación y actualización, procesos de seguimiento...”. Y la conclusión: “Hace falta mucho esfuerzo político para lograr un cambio de ese calado”.
70% de rechazo
El estudio de las ANPAS —que, tal y como admiten, no es extrapolable al conjunto de la población pero sí representativo, con sus casi 4.000 encuestas, el 40% a familias de alumnado con E-dixgal— concluía que una parte importante de las familias indicaba estar en desacuerdo o en total desacuerdo con que el programa continuase en este curso 2024-25: el porcentaje llegaba al 70% mientras sólo el 18% se mostraba a favor.
Ese mismo porcentaje, siete de cada diez, no cree que E-dixgal lleve a una mejor comprensión de las materias. Y sólo uno de cada cuatro —un 26%— está de acuerdo con la afirmación de que la competencia digital de los estudiantes “haya mejorado de forma importante”. Casi la mitad, el 47%, sostiene justo lo contrario. En una escala del 0 al 10, las familias “lo suspenden claramente”: el 19% le otorgan cero puntos, menos del 5% 9 ó 10 puntos. Y este suspenso afecta a todos los cursos: en ningún caso la media alcanza los 5 puntos.
Rangos similares aparecen en las preguntas sobre el grado de formación de las familias: sólo un 14% de las personas que respondieron manifestan estar satisfechas, frente a otro 70% que indica que “no han recibido ninguna información sobre el programa, ni sobre el uso que se le va a dar en cada materia, ni lo que supone usar E-dixgal para la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje ni sobre las pautas para acompañarlos en casa en el uso de esta plataforma”.
“Estamos haciendo lo que no hace la administración. No hicimos este trabajo para posicionarnos, sino para que se escuchase a las familias. Isabel Calvete, presidenta de la Confederación de ANPAS GALEGAS, recuerda que desde la puesta en marcha de E-dixgal, en 2014, ”nadie lo había evaluado“, por eso ellos tomaron la iniciativa. ”A quien más le importa que esto funcione es a nosotros“.
“Sigue faltando formación. Si el profesorado no la tiene, es imposible que el alumnado la adquiera. A la Consellería le propusimos un programa de formación para los padres. De poco sirve que te pongan un sistema educativo diferente si no se puede usar”, argumenta.
Las familias se encuentran con otro problema: el alumnado con E-dixgal no puede acceder a ayudas para libros, aunque el dispositivo electrónico no se utilice en todas las materias. Así, se enfrentan en ocasiones a un doble gasto: el de los materiales para el resto de asignaturas pero, también, el que genera tener que imprimir muchos de los contenidos —los pdf— del E-dixgal. La solución que apuntan las ANPAS sigue siendo tabú para la Xunta: la gratuidad total de los libros de texto. Una medida que incluso hoy, quince años después de que fuese derrotado por Núñez Feijóo, sigue siendo el gran símbolo del bipartito. Y en esa memoria lleva su condena.
Pocos contenidos (y en castellano)
Para los docentes que trabajan con E-dixgal, el mayor problema es que los contenidos “están muy limitados” y eso, según Bermello, se debe “a la falta de competencia editorial”. “Los que vivimos el mundo de la competencia en papel de hace dos décadas, teníamos muchas editoriales donde escoger. Incluso se creó el Consorcio Editorial Galego para que las pequeñas pudiesen competir con las grandes”. Pero todo eso acabó, “y es un problema, porque antes podías tener unos libros que, con sus limitaciones, estaban bastante adaptados a la realidad del país, y E-dixgal no es así”.
Para el responsable de CIG-Ensino no sólo se perdió en la adaptación de contenidos, también en el idioma. “El porcentaje de materiales en gallego no supera el 20% y en materias, como las científicas, donde está prohibido su uso, no lo vas a encontrar. Eso es un escándalo”.
A los docentes, lo único que les queda es hacerse su propio material. Bermello se pregunta qué pasa con las licencias que convoca la Xunta para que los profesores elaboren contenidos didácticos. “Se le está pagando salarios públicos a gente que sacas de los centros para que elaboren ese material, ¿y dónde está? ¿Por qué no forma parte de un repositorio común de la propia Xunta, hecho por sus propios docentes?”.
Él mismo se responde. Entiende que este modelo está “servido para el negocio”, siguiendo la orientación de los “grandes conglomerados editoriales, pertenecientes a grupos de servicios, que marcan las directrices en la OCDE para condicionar los currículos”, un “entramado corporativo que condiciona todo” y que tiene su aspecto más visible en el informe PISA.
Miopías “imparables”
Y todo ello sin entrar en las consecuencias en la salud. Son muchos los profesores, sobre todo de primaria, que dicen notar cómo a sus alumnos se les dispara la miopía en la misma etapa en la que empiezan a usar E-dixgal. Un dato contrastado por los profesionales. La presidenta del Colegio de Ópticos Optometristas de Galicia, Esther Amaro, cita los datos reconocidos por la Organización Mundial de la Salud: que un 20% de los niños de 7 años “ya son miopes” y, a esa edad, “la miopía es imparable”.
Aunque puede haber una pequeña parte debida a causas genéticas, según Amaro, la práctica totalidad de los casos se debe a sus “hábitos de vida”. La pantalla retroiluminada provoca “mucho más estrés en el ojo” que la lectura en el libro y esos mismos dispositivos son los que utilizan en sus “períodos de descanso”: se pasa de trabajar con el libro electrónico a jugar con el ordenador o el móvil. “Son muchas horas forzando la visión de cerca”.
Amaro conoce el E-dixgal de cerca porque a su hija le tocó ser del primer curso de 5º de primaria que se encontró con el chromebook. “Lo sufrí en primera persona, pero al menos, no le tocó la tablet”. Recuerda que ya entonces mostró sus reticencias. “Sólo me preocupaba lo visual, no conocía los estudios de psicólogos y pedagogos que, hoy en día, coinciden en que afecta al nivel de concentración”. Todavía recuerda la respuesta que recibió: “No se pueden poner puertas al campo”.
“Nosotros no estamos en contra de estas nuevas tecnologías. Están muy bien como ayuda, utilizarlas como apoyo, como nosotros utilizábamos la Larousse”. Recuerda, además, que “la memoria es visual” y deslizarse por una pantalla no ayuda a reforzarla. “Vemos cómo en otros países están quitando” los dispositivos. También en otras comunidades, como Madrid. Amaro cree que hoy, los pequeños ya no son “analfabetos digitales”. Esa propuesta de uso, “como apoyo, no como método de estudio”, fue la que le trasladaron a la Consellería. Sin éxito.
Ciencia y “sentidiño”
Como respuesta a las solicitudes de elDiario.es, la Consellería de Educación remitió a las palabras de su titular, Román Rodríguez, ante el Consello Escolar de Galicia. Allí, Rodríguez avanzó que su departamento ya había iniciado lo que llamó “un procedimiento estratégico de revisión” del E-dixgal.
La nota de la Consellería recuerda que este programa es “una herramienta más, voluntaria por parte de los centros educativos” y que, tras diez años de funcionamiento, en los que “se fueron mejorando aspectos relativos a la formación del profesorado y los contenidos” lo que toca ahora es “reformular el modelo”, ya que la realidad digital, tanto dentro como fuera del aula, es “muy distinta a la de hace una década, cuando fue ideado el programa”.
Ese proceso, que se hará “de la mano del conjunto de la comunidad educativa” tendrá como base “estudios y evidencias científicas” y el “sentidiño” que el gobierno de Alfonso Rueda ha convertido en un eslogan. Todo, mirando hacia esa futura Lei de Educación Dixital que la Xunta considera “pionera a nivel europeo” y que permitirá regular “los derechos y deberes de la comunidad educativa en material digital”.
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