La importancia e influencia de la camisa de vestir blanca en la vida del hombre contemporáneo se remonta a la época victoriana. Una era donde esta prenda fue un importante símbolo de riqueza y distinción de clase; un poderoso emblema de sobriedad y uniformidad, a pesar de que usualmente se mantenía en lo íntimo, debajo de prendas más vistosas y pesadas.
Dicho vínculo entre la distinción social y el color blanco fue un indicador de la opulencia hasta muy llegado el siglo XX, a decir verdad. Los términos “cuello blanco” y “cuello azul” son muestra de esta delimitación, ya muy bien evolucionada en el mundo moderno. A tal grado, incluso, que la clase trabajadora hizo del concepto white collar un sinónimo de lo estirado, lo soberbio, lo despilfarrador y hasta lo aspiracional.
Asimismo, la camisa de vestir blanca sin adornos y sin costuras vistosas estaba intrínsecamente correlacionada con la masculinidad. No fue hace mucho cuando a este tipo de prendas clásicas se les seguía viendo como la indumentaria básica del comportamiento moral y “masculinamente apropiado”. Recordemos que Mad Men fue la serie responsable de volver a ponerlas en el centro de la discusión, evidenciando también cómo es que esa vestimenta de supuesta “confiabilidad” y actitud sobria fue parte fundamental de una era a la que ciertamente no deseamos volver.
Así que, dejando bien asentado por qué es tan importante una camisa blanca en nuestro armario y cómo ésta llegó a ser un signo de poder —pensemos en el Hugo Boss de los años ochenta— y elegancia perpetua.
¿Cómo combinar esta camisa con absolutamente todo, sin importar a dónde vayas? Estamos por decírtelo.
Cena casual, pero necesitas impresionar
Nada en el justo medio entre la sofisticación y la moda como usar camisa blanca con jeans. Un combo que garantiza éxito durante una cena casual, entre amigos o con tu pareja, pero que amerita causar una muy buena impresión. Nuestra recomendación es usar una camisa ligera button down, para que todo se mantenga en su lugar y te veas ligeramente despreocupado. Igual puedes elegir un tejido más denso para que tu look se vea como algo a lo que realmente le invertiste. Fajarla o no es decisión tuya. El estilo de los jeans dependerá de tu cuerpo.
Junta o reunión de negocios
Para empezar, asegúrate de que tu modelo tenga muñeca francesa —es decir, que requiera mancuernillas— y que el cuello sea semi-cortado. Esto garantizará un estilo más sofisticado sobre el de los demás. Siguiente, aquí no hay para dónde hacernos: camisa blanca con traje es el lienzo indudable sobre el que podremos hacer demostración de nuestro estilo al llevar corbata, pañuelo y cinturón con verdaderas propuestas.
Para el verano
No necesitarás otra camisa en tu vida para cuando salgas a vacacionar una vez que lo intentes. Camisa blanca con shorts —o bermudas— es una combinación que simplemente amarás; no hay nada más relajado y elegante para cuando estás en tus días de descanso. Es más; no es necesario que estés en un break laboral. Basta con que te decidas un buen domingo a disfrutar del tiempo libre con una actitud casi indiferente.
Para reuniones casuales o semi-formales
Camisa blanca con chinos o pantalón de lino: el mix perfecto para cuando debes mostrarte como todo un profesional, pero sin parecer demasiado estirado. Juega con los estilos y patrones que tú gustes; puedes llevarlos a la cintura (como Joe Jonas), corte italiano o mucho más flare, de raya diplomática o de aspecto más clásico.
Para desayunos, comidas y cenas con familia
Cuando vas con tus seres queridos —biológicos o plenamente elegidos—, no necesitas sorprender a nadie ni demostrarles nada, ¿cierto? Para esta ocasión lo que debes usar es algo que garantice suavidad y un look muy cómodo. Y para eso, nada como una camisa blanca con pantalón de pana. Apuesta por los tonos ocres y uno que otro burdeos.